El consumo de alimentos ecológicos en Europa no ha parado de crecer en los últimos años. Cada vez más personas buscan productos más respetuosos con el medio ambiente y con unos estándares de producción más estrictos. Sin embargo, a la hora de comprar alimentos ecológicos siguen siendo habituales ciertos errores debidos al desconocimiento, que pueden generar confusión, falsas expectativas o incluso un gasto innecesario.
Lo primero y más importante, es saber qué es un alimento ecológico. En resumen, es un alimento que se produce, procesa y distribuye siguiendo las prácticas agrícolas y ganaderas respetuosas con el medio ambiente, la biodiversidad y el bienestar animal, reguladas y controladas en la Unión Europea por el Reglamento (UE) 2018/848. En nuestro artículo ¿Qué es un alimento ecológico? puedes encontrar información más detallada.
A continuación, y desde nuestra amplia experiencia como productores de ajo ecológico, repasaremos los errores más frecuentes y os daremos unos consejos sobre cómo evitarlos.
Confundir “eco”, “bio” y “natural”: qué significa cada término
Uno de los errores más comunes es pensar que términos como eco, bio o natural significan lo mismo, así que vamos a empezar aclarando este punto; según el Reglamento Europeo de Producción Ecológica (REGLAMENTO (UE) 2018/848, las denominaciones ecológico, biológico y orgánico y las abreviaturas (eco y bio) solo pueden utilizarse para productos que cumplan dicho reglamento. Entonces, si un producto que adquirimos incluye esas menciones en su etiquetado, publicidad u otros documentos comerciales, ha tenido que producirse de conformidad con el reglamento, es decir, es un alimento ecológico.
En cambio, el término natural no está regulado en este contexto. Un producto “natural” puede proceder de agricultura convencional y no cumplir ningún criterio ecológico específico.
¿Cómo evitar el error? Busca alimentos que incluyan la denominación ecológico, biológico y orgánico o las abreviaturas eco y bio.
No fijarse en los sellos de calidad ecológica (sello europeo y otras certificaciones)
En la Unión Europea, los alimentos ecológicos envasados deben llevar obligatoriamente:
- El logotipo ecológico europeo (la hoja formada por estrellas sobre fondo verde).
- El código del organismo de control que certifica el producto, es decir, el código de la certificadora que verifica que los productos cumplen efectivamente las normas ecológicas.
- El origen de las materias primas agrícolas** (UE, no UE o ambos).
Además, pueden aparecer sellos autonómicos o certificaciones privadas que refuerzan la información, pero nunca sustituyen al sello ecológico europeo.
Por lo tanto, sin sello europeo y código de control, el producto no puede considerarse ecológico conforme a la normativa.
En países no pertenecientes a la Unión Europea existen otros distintivos oficiales que nos ayudan a identificar los productos certificados como ecológicos. En nuestro artículo Cómo reconocer un alimento ecológico puedes encontrar más información.
Pensar que, por ser ecológico, siempre es más sano (y no leer la etiqueta)
Aunque los alimentos ecológicos se producen bajo normas más estrictas, esto no significa automáticamente que sean nutricionalmente superiores en todos los casos.
Un producto ecológico puede ser por ejemplo alto en azúcares, sales o grasas y también ultraprocesado.
El reglamento europeo regula el método de producción, no el perfil nutricional final del alimento.
Para evitar este error combina el criterio ecológico con una lectura crítica de la etiqueta nutricional y de la lista de ingredientes. No olvides que ecológico no es sinónimo de “saludable” por definición.
Creer que comer ecológico es siempre mucho más caro
Existe la percepción de que los productos ecológicos son inaccesibles para muchos bolsillos. Si bien algunos alimentos ecológicos tienen un precio más elevado —debido a menores rendimientos, mayor control y costes de certificación— no siempre es así.
Productos como frutas, verduras, legumbres o cereales ecológicos pueden tener precios muy competitivos, especialmente si se compran:
- De temporada.
- A productores locales.
- En formatos a granel.
Además, el precio refleja costes que la agricultura convencional no suele incluir, como el impacto ambiental o la preservación del suelo.
Para evitar este error, prioriza alimentos básicos ecológicos y compara precios con criterio y sobre todo, compra de temporada.
Comprar productos ecológicos sin planificación y acabar tirando comida
Un último error frecuente no está relacionado con el producto en sí, sino con los hábitos de compra. Comprar ecológico sin planificación puede llevar al desperdicio alimentario, algo que contradice los principios de sostenibilidad que promueve la producción ecológica.
Los alimentos ecológicos en algunos casos pueden tener una vida útil más corta, al contener menos conservantes autorizados, aunque esto siempre no es así pues algunos conservantes sí están permitidos por el reglamento.
Para evitar este error compra cantidades ajustadas a tu consumo real y aprende a conservar correctamente los alimentos. En nuestro Blog puedes encontrar algunos consejos para conservar alimentos como el ajo y la cebolla.
Comprar alimentos ecológicos es una decisión positiva, pero solo aporta verdadero valor cuando se hace con información y criterio. Entender qué regula la normativa europea, identificar correctamente los sellos oficiales y mantener hábitos de consumo responsables permite evitar errores comunes y aprovechar al máximo los beneficios de la producción ecológica.